La
víspera de San Juan se celebra el 23 de junio. Aunque originariamente
era una festividad pagana, hace ya muchos años que el cristianismo lo
incorporó a su calendario. Mediante este ritual que se celebra la noche
más corta del solsticio de verano, además de dar la bienvenida a la
época estival y purificar el espíritu, se reciben bendiciones.
Estos rituales, los cuales se basan en olvidar el pasado y esperar que el
futuro sea más próspero, demuestran que para la población de Euskal
Herria esta noche terminaba el viejo año y comenzaba uno nuevo.
Amén del fuego, el árbol de San Juan
es muy importante para este día. Se erige en la plaza mayor del pueblo
y en su extremo superior se colocan una ikurriña y un ramillete de regalos
para el que consiga ascenderlo. Hasta hace bien poco, el árbol de San
Juan lo cortábamos los jóvenes tras "robarlo" de un bosque que no era
nuestro.
Los fuegos ardiendo en la plaza del pueblo
y los portales de los caseríos, el árbol de San Juan, las cruces de
laurel colocadas en casas, piezas, corrales, los ramos de flores, las
ramas de espino y fresno, ... impregnan de belleza y espiritualidad
este día.
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