En
un entorno formidable, rodeado de robles y cerca del casco urbano, se
sitúa la ermita de San Blas. Al igual que todas las ermitas de Euskal
Herria, esta construcción cuenta con la elegancia de lo humilde, y es
desde el siglo XVII lugar de rezos, ruegos y romería de todos los zeraindarras,
además de ser el lugar donde el día de San Blas se bendicen los alimentos
que se consumirán para protegerse del dolor de garganta.
Los elementos más importantes que podemos apreciar en esta ermita de
San Blas son la pila del agua bendita, el pequeño coro y, cómo no, la
barandilla mudéjar. Así mismo, también es digna de admiración la escultura
de hierro "Los caminos de la luna" de Jesus Jauregi.
La ermita, junto con su entorno, forma un espacio excepcional. Es un
sitio en el que se entrelazan la oración y la naturaleza, ofreciéndonos
una estancia apacible y tranquila.
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