Amén de una extensa y rica historia, las minas de hierro de Zerain cuentan con un valor añadido: "La posibilidad de ver en directo e in situ el proceso completo que hay que seguir para la obtención del hierro". En Euskal Herria no encontrará otro lugar como éste.
Incluso se pueden encontrar restos e historia de cada época en la que las minas han estado en activo: la casa del inglés, el polvorín, la casa del mecánico, los hornos de calcinación, los presos trasladados hasta aquí para extraer el plomo para la elaboración de las balas, etc.
Casi nadie recuerda ya la explotación del hierro que tanta relevancia tuvo en el desarrollo de Euskal Herria. En Zerain, por el contrario, no hemos olvidado este pasaje de nuestra historia, y es un placer para nosotros explicar al visitante esta época de la historia que ha condicionado tanto nuestro carácter actual.
Hoy en día, las minas son objeto de un amplio proyecto de recuperación. En las minas de Aizpea ya no se ven ni palas, ni picos, ni presos; ahora se llenan de cámaras de fotos y de vídeo así como de turistas de todo el mundo. Este lugar que a través de la historia ha sido el distintivo del carácter de los zeraindarras, también en el futuro continuará siendo el pilar fundamental de nuestro desarrollo.
En el barrio de Aizpea de Zerain el aprovechamiento del hierro es una actividad que cuenta con una larga historia. Las primeras referencias nos llevan al siglo XII, y desde entonces hasta que en 1951 se cerraran los hornos que hoy en día se pueden observar, las minas de hierro han estado estrechamente ligadas al pueblo de Zerain.
Las primeras referencias del siglo XII nos demuestran que la explotación del hierro se llevaba a cabo al aire libre mediante pequeños hornos.
En el siglo XIV, se extraía el hierro que luego se trabajaba en las ferrerías del alto Urola y del alto Deba. En el año 1512, los Reyes Católicos entregaron a los Otalora de Aretxabaleta el derecho de explotación de las minas, con lo que de este año hasta el 1826, dicha explotación estuvo en manos de esta familia.
Las referencias más recientes nos llevan a finales del siglo XIX y a principios del XX. En esta época fue una compañía inglesa ("The Cerain Iron Ore Company Limited") la que se encargó de la explotación y a ella le debemos muchas de las estructuras y edificaciones que hoy en día podemos encontrar. En 1932, la explotación de las minas pasó a manos de una empresa alemana y, a continuación, en el año 1941, la fábrica de Patricio Echeverría de Legazpia se hizo cargo de ellas, la cual cumplió con esa misión hasta que en 1951 se cerraran las minas.
El primer elemento que encontramos en los montes de Zerain es el carbonato de hierro, para cuya extracción se excavaban galerías en toda la montaña. Aún hoy podemos encontrar más de cien de esas galerías, siendo la más prolongada la que se conoce con el nombre de Santa Bárbara con más de 600 metros de longitud.
El carbonato de hierro extraído de las galerías diseminadas por el monte se trasladaba mediante una locomotora hasta los hornos, los cuales se iban llenando continuamente con capas de carbón y carbonato de hierro, y este se calcinaba.
A través de este proceso se efectuaba el primer lavado del carbonato de hierro, con lo que se conseguía separar el carbonato, el agua y otras substancias, y quedaba listo para transportarlo a las ferrerías.
Para dicho transporte se utilizaba un sistema por cable denominado "tranvía aéreo" que medía 1.800 metros de longitud. Los baldes que pendían del cable se llenaban de hierro calcinado y se trasladaban a Mutiloa, municipio colindante, para desde allí llevarlo a Ormaiztegi en vagonetas y, seguidamente, a Pasaia con el fin de enviarlo por barco a Escocia y Alemania.